sábado, 29 de octubre de 2011

endulzar la vida endulzando las palabras
las endulzo con mi boca
con mi boca y mi escritura

mi boca está dulce de miedo
el miedo es el mejor fermento.

escucho tango y tengo amor, tengo miedo,
tengo partes dulces
escribir es como
caminar entre la eternidad
como si me creciera una planta
como si pudiera charlar con los muertos
quiero besar a los vivos


octubre de vida

tambaleante
me filtro por los trenes, los pequeños viajes,
escuchando "dúo de amor" y "ausencias"
bebiendo un bandoneón
dejando el rimel y los peines
cantando en el colectivo, con el querido coro, con mi reflejo, etcétera de cantares;
conversando con las séptimas mayores (las quintas se callan, y ahí me sale la lágrima, quizá tenga un acorde preferido)
leyendo y subrayando,
amando como siempre,
la furtiva
la que se escapa
que se condensa
que se asusta
se asusta mucho y se detiene
se detiene y no está conforme
recuerda el sueño
y sigue camino.
vida en octubre

post jardín botánico

busco los ojos de los árboles a través de la ventanilla del colectivo. desde aquí me guiñan
pero cuando camino por debajo de ellos, me acarician... las hojas caen y me acarician.
hace unos días me encontré acostada boca arriba en el anden, parecía una pordiosera
en verdad soy una pobre, pero el vacío es colmado suavemente por los saludos de mis amigos:
las hojas con forma de estrella hacen de mano, el viento las mueve, el viento muestra sus ramas, sus pétalos, su repertorio musical entre los metales y las maderas y los agujeros, el viento me deja henchida de bienestar primaveral. la primavera tiene roces con mis paradas y mis silencios.
allí se encuentra esperando con sus hijos árboles

miércoles, 26 de octubre de 2011

algunos escritores se convierten en inmortales. sus relatos son parte de su alma. quizá escribo porque inconscientemente anhelo la eternidad, de alguna forma. pero ¿la eternidad de la tristeza?
sí, la eternidad de todo el ser. basta de esconder las esquinas de las vidas. recién ahora descubro que mi lado oscuro se hace palpable con las palabras, en las palabras siento el sabor de la tristeza, la desesperación y el miedo, tan dulce e inefable como mi alegría. puedo ver que entro al terreno prohibido -ese lugar que comenzó a descubrir sinclair a los once años- a través de la escritura. puedo amar mis emociones todas, y cruzo un umbral de a poco, como si mis pasos fueran migajas, gotas. a veces me arrojo a la oscuridad absoluta, ¡qué golpes fuertes!

Sólo una cosa me era imposible: arrancar el oscuro fin oculto en mi interior y proyectarlo fuera de mí, en cualquier lado, como lo hacían otros que tenían la seguridad de querer llegar a ser profesores o jueces, médicos o artistas, y sabían cuánto tardarían en serlo y qué ventajas les reportaría. Para mí era imposible. Quizá llegase un día a ser algo semejante, pero ¿cómo podía saberlo ahora? quizá tuviese que buscar y rebuscar el camino años y años y no llegase a ser nada ni alcanzase ningún fin. Y quizá alcanzase un fin, pero un fin perverso, peligroso y temible.
Quería tan sólo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mí. ¿Por qué habría de serme tan difícil?

Hermann Hesse, fragmento de Demian.

viernes, 21 de octubre de 2011

la última lluvia no fue gris
fue azul y verde
y nube
y árbol
y olor a pasto
en el zaguán de mi garganta danzaba un caramelo
fue roto y se saboreó la miel

jardín botánico II

debí haber sido el pichón de los pichones
la hija de los hijos de la naturaleza
evaporada en el aire
el néctar me sostuvo y me bebió
voló y se posó sobre la nariz de una niña
sus párpados se cerraron y las pestañas tremolaron con su risa
el néctar liberó sus virtudes
sus fuegos incandescentes y transparentes a la vez
también me liberó a mi
con corazón de flor
con vestiduras de sol


y si acaso esa mujercita se hubiera dormido
los árboles también levitarían su alma.

qué lindos los ojos tranquilos
respiraste el aire preparado por los bosques

jardín botánico I

cuando me dí cuenta
que la caída de las hojas son caricias
un espasmo de risa
me reretorció el alma

porque ahora
mi ánima de amor con sus raíces desiguales
se sostiene sólo de lianas, ramas
y aire cargado de aliento de árbol.

están vivos! están vivos! vida en los cuerpos ondulantes
pensadores en silencio
pero hoy pude escucharlos, oh, entre la hiedra surgían los brazos
me agarraron por unos minutos
sentí los orgasmos más puros cuando me hablaban
y exhalaban halos, dibujos de luz de sol en el suelo.

sábado, 15 de octubre de 2011

el aroma de tu corbata

me deshago en un estampado diferente

el grueso de la sensación genera un temblor, o, digamos que muchos

tiene arabescos violetas que se bifurcan y vuelven a mezclarse una vez que entraron en mi pecho

estoy segura que la compraste en una feria

de esas que al entrar se empañan los ojos y la nariz arde de apresto

la elegiste pensando en el color que posiblemente tendría la noche

sin pensar en el resto del atuendo

y, muy a escondidas, mientras caminas y das unos vistazos al ocaso irrumpido por los edificios,

hueles hacia adentro, donde el corazón te espera con el perfume de la mujer

te domina, muy en el fondo.

y la noche en que darás uso a tu comprita, esa noche violeta oscuro,

es la que instaura en tu cabeza la imagen de un roce por su cintura

una respiración de mermelada caliente, más caricias.

ah! su cintura muy suave como la seda violeta que miras, que se anega de estrellas.

miércoles, 12 de octubre de 2011

concierto de guitarra

eran arañas danzando entre los trastes como si fueran peldaños, jugando con una persecución. evidentemente una persecución era transmitida, desde el rostro del animal hambriento que situaba su mentón justo enfrente de las arañas. tenía la ilusión de estar cocinando una miel, y por poco quería probarla con la lengua. se consternaba cuando los pasos de las arañas se tornaban toscos, pero volvía a concentrarse en la danza, destilando colores con los ojos, son los colores que imagino cuando subo mis ojos a tu mente. tu mente se ve azul, verdosa, con fuego, y esquinas húmedas.
tenías piernas largas, zapatillas grandes y jeas viejos. se veían tus tobillos cubiertos con medias grises. las arañas son tuyas, son una parte de tu ventanal, de allí sale el aura y los colores que habitan en tu mente. concluiste, y te paraste, no sé si satisfecho, pero realmente sonreído.
el harapo de mi valija
se bifurca cuando intento arreglarlo
mi valija con mi vestimenta
que puede ser la desnudez misma
por eso el harapo
era una ropa de muchos años de uso
no deseo volver a lavarla
me limpio sola